Pese a que no está presentable del todo, hoy inauguro mi nuevo blog. Es un día nublado, de un gris que difumina el horizonte que normalmente separa el mundo de las nubes y el de los marineros. A diferencia de hace justo 25 años, no llueve.

Como el nombre indica, esto es un blog personal. No obstante, dudo que mi vida privada interese a personas que no me conocen. Por eso, y porque a mi cada vez me interesa menos también, no voy a llenar este espacio de disgustos y alegrías, de divagaciones o métodos de supervivencia diaria.

Voy a intentar hablar de cosas más interesantes, cosas que requieren trabajo para ser seguidas, aprendidas. Y como soy periodista, o eso creo, voy a hablar de periodismo. Digital. De cómo este nuevo mundo por colonizar que es Internet crece más rápido de lo que nuestra vista es capaz de apreciar y de cómo, pese a eso, no dejamos de alimentarlo. Al fin y al cabo, consagramos nuestra fe digital cada día y las obleas que la Red nos da están dejando de ser redondas y blancas. De ellas hablaré.

Es 16 de abril de 2005, domingo santo, cumpleaños de un ateo religioso y de un creyente social.