Internet es un niño todavía y, aún así, nos empeñamos en proyectar su futuro cada día y si hace alguna trastada nos la tomamos demasiado a pecho, cuando está en la edad de eso, de jugar y divertirse. Por ejemplo, ahora le ha dado por un nuevo juguete: la web 2.0. No sabe hablar de otra cosa. Y nosotros, en lugar de ver un juguete, vemos en el deseo del niño el futuro que nos empeñamos en proyectarle.

De esta manera, Google, que es su juguete favorito porque le sirve para encontrar los otros miles de millones que tiene y promete cosas muy misteriosas, es para nosotros intocable. No queremos ni imaginarnos cómo se pondría el niño si le pasase algo. De hecho, literalmente no lo imaginamos. Pero nos olvidamos que los niños cumplen etapas. No siempre son de pecho, no siempre están llornado porque se quemen y se les exploten las ‘burbujas’, no siempre piden juguetes. Llegará un momento (siempre ha sido así, ¿no?) en que a nuestro niño le hará ‘tilín’ una niña. Sí. Y querrá contárselo a otros niños. Entonces, más que un juguete mágico que le encuentre enseguida el cacharrito que busca de su enorme cajón de juguetes, deseará la calle. Y Yahoo quiere ponerle nombre a esa calle.

“Buscar, organizar, encontrar… ¿Por qué no bajo al bar a ver si están mis amigos, veo a Laura y me pasan los apuntes? ¿Por qué no me dejo de buscar las noticias en miles de fuentes que dicen siempre lo mismo (ver PDF)? ¿Por qué no voy al parque a buscar a Juanma, que me deje el fanzine que edita con los de la asociación de geeks, dónde hablan de lo que me interesa? ¿O por que no consultar en el kiosco del coreano, donde todos los del barrio escriben las revistas que tiene en el mostrador? Me gustan las personas; al menos más que lás máquinas.”

Internet es un niño, pero se hace adolescente.

Inspirado en un post de Fernando en ‘eTc‘ en el que un directivo de Yahoo explica su visión sobre la evolución de su modelo de negocio en Internet. Otro día hablamos sin metáforas, lo prometo.