¿Necesitan los medios ser grandes empresas con ánimo de lucro?

¿Necesitan los medios ser grandes empresas con ánimo de lucro?

Acabo de terminar de leer ‘El momento crucial‘, de John Carlin, y ‘Prensa y democracia‘, de Soledad Gallego-Díaz, ambos en Elpais.com. Tan imprescindibles, sobre todo el primero, un reportaje excepcional, que estaba viendo el Barça-Villarreal y -ojo- he dejado de ver el partido que dará la liga al mejor equipo del mundo para dedicar toda mi atención a los textos y ahora escribo este post con el partido en la 2ª parte. Cuando lo termine de escribir el barcelonismo estará ya sumido en el clímax máximo de un polvo que ha durado toda una liga.

También el periodismo está en una especie de clímax.

Lo que está claro es que el sistema empresarial de periodismo no se puede preservar

Lo dice Luis Ángel Fernández Hermana en el reportaje de Carlin, que en realidad no es un reportaje, es un enorme símbolo de interrogación (¿Existirá un modelo de negocio que permita mantener el periodismo que conocemos?). Carlin ha conversado y ha reflejado las visiones de los actores más reconocidos (hoy) en la industria de la prensa. Como el propio Carlin los clasifica, estos son “los blogueros” (así se refiere a los que aseguran la muerte del periódico), los “viejos rockeros”  (o viejunos, a secas, que incluso creen que de esta saldrán fortalecidos) y los “mentes abiertas” o confusas (los que observan y analizan y no se atreven a concluir drásticamente un final concreto).

Lo más sabio podría ser pasar a engrosar las filas de estos últimos. Lo más sabio y lo más lógico, porque por desgracia nadie domina el arte de la adivinación. Pero si lo hiciera tendría una contradicción interna, porque aunque son cientos los factores a ponderar para dar en el clavo, eso que se llama intuición y que en realidad es un poso formado por experiencias propias, lecturas, convencimientos e incluso sueños y hasta manías personales me dice que el futuro del periodismo no pasa por estructuras empresariales y de lucro. De hecho esto hace bastante tiempo que lo creo, y ya lo he escrito alguna vez.

Reconozco obviamente que no siempre pensé igual. Recuerdo que cuando Juan Varela nos dijo a Christian y a mi que dudaba mucho que nunca pudiésemos mantener Bottup con un sistema basado en publicidad pensé que eso no sería así. Desde antes de iniciar la aventura de Bottup y hasta día de hoy creo en un periodismo basado en la comunión entre periodista profesional y ciudadano, en medios que se convierten en plataformas, en lectores que se convierten en usuarios y en una agenda blindada que se convierte en un campo sin puertas. Pero ya hace bastante tiempo que no creo en el periodismo como actividad empresarial (la comunicación creo que sí seguirá siéndolo).

Junto a Bottup existe Nxtmdia, que precisamente es una empresa (concretamente, la típica SL). La función real de Nxtmdia ha sido desde siempre tener una estructura jurídica a través de la cual poder generar ingresos que permitan mantener Bottup. Cuando, por ejemplo, red.es paga a Nxtmdia cada mes por editar su blog oficial, ese dinero sirve para pagar el servidor de Bottup o para alimentar parte de mi mínima nómina, la que me permite dedicar tiempo a Bottup y no tener que buscar trabajo en algún medio, lo cual con la que está cayendo tampoco sería fácil. Aunque Nxtmdia es una SL, en realidad se comporta como una pequeñita fundación.

A corto-medio plazo mi objetivo es que Nxtmdia crezca para que Bottup y otros proyectos (y los que puedan nacer) crezcan. Con esto queda patente que Varela tenía razón y con ello hago una apuesta personal por un modelo que no se podrá basar en buscar beneficio económico para accionista alguno.

Si quieres podemos hablar de Periodismo como si hablásemos de ecologismo o cooperación al desarrollo. Sé que a muchos esto les parecerá una burrada, pero apuesto (y me gustaría mucho acertar) por un sistema organizativo de esta profesión más similar al de las ONG que al de las empresas tradicionales. Las ONG, si consiguen ser relevantes (palabra clave para cualquier medio, ¿no?) obtienen financiación por varias vías. Y hay ONGs con más empleados que el New York Times. Y hay ONGs donde sus afiliados también deciden sobre su acción y su estrategia. Además, todo el mundo sabe que las donaciones a ONG desgravan. Grandes bancos y los gigantes de cada sector de la economía prefieren crear fundaciones para gestionar parte de sus excedentes de capital antes que hacerlos pasar por la caja del Estado y a través de su estrategia de Responsabilidad Social Corporativa (RSC, otra revolución de nuestros días) prefieren ser ellos en lugar del Gobierno los que decidan qué hacer con ese dinero. Y mucho de ese dinero va a parar a ONGs.

Y para los que creen que la industria de la prensa es necesaria para salvaguardar la democracia, hay ONG que también contribuyen a ello. Al fin y al cabo una ONG no es más que una de las dos formas jurídicas sin ánimo de lucro que existen: una asociación o una fundación (sobre todo esta última). El reportaje de Carlin cita uno de los casos más significativos de éxito de esta fórmula: el mismísimo The Guardian, que es editado por una fundación. Y existen muchos más, pero la mayoría se trata aún de medios pequeños, muy de nicho -como poublicaciones de asociaciones de consumidores- o muy ideologizados, pero ojalá pronto se amplíe este abanico.

A menudo uno oye o lee que “esto es un negocio, chato, no una ONG”. Creo que lo de ‘negocio’ ha quedado ya bastante en entredicho. Ahora se trata de ver como hacemos para que el periodismo no sólo siga existiendo, sino que mejore como el servicio público que siempre debió ser. Fórmulas para empezar a trabajar y para tener en cuenta hay muchas: el crowdsourcing y el crowdfunding son, en mi opinión, las más propicias para salvar al periodista del barco que se hunde.

Creo que al final de todo estarán los periodistas tratando de construir plataformas que sean relevantes para ciertos usuarios, que éstos serán activos protagonistas de las mismas y que todo ello se financiará de manera similar a como lo hacen hoy día otro tipo de fundaciones. Y eso, si llega a ser realmente así algún día, será una buena noticia: el tradicional contador de ellas se habrá salvado y estará siendo útil y relevante para la ciudadanía.