Abandonando viejas ideas

Abandonando viejas ideas

Decía el otro día Pedro J. lo siguiente en la UNAV:

“Por encima de todo, un periodista debe ser buena persona y estar dispuesto a que la realidad le estropee el titular. Hay que saber jugar limpio”.

Era una breve introducción humorística al post. El director de El Mundo es a mi juicio uno de los mejores ejemplos de especie profesional en posible vía de extinción. Según alguien tan poco sospechoso de revolucionario como el presidente del Banco Central Europeo, Trichet, “la opacidad es la receta para el comportamiento gregario”. Comportamientos gregarios como estos, por ejemplo.

Opacidad

La mala prensa de la prensa no es inherente al periodismo, ni siquiera al periodismo de hoy en día. En cambio, la opacidad es algo inherente a las estructuras empresariales de manera proporcional a su tamaño. Una de estas estructuras puede estar editando un periódico de ‘corte’ progresista en una zona del mundo y creando y manteniendo medios que tratan de influir en la opinión pública hacia el lado opuesto en otra parte del planeta (o incluso de diferentes zonas del mismo país), como si la manida globalización no existiese más que para las mercancías y el dinero, y la información y las relaciones sociales a través de la Red siguiesen estando acotadas en límites del siglo XX.

Conectar

El problema es que parece que un modelo de esas características ya no puede mantener productos que sean rentables hasta el punto de sostener numerosas pagas de consejeros delegados y brillantes actividades en bolsa. “Nuestro trabajo no es distribuir un contenido o un producto. Es ayudar a la gente a conectar con la información y entre ellos mismos”, como dice Jeff Jarvis. ¿Puede servir una estructura opaca a ese cometido?

Falacia

Hacer creer que sin medios -entendidos como empresas pertenecientes a grupos como los descritos- no puede haber periodismo y, por tanto, democracia, es como decir que si desaparece el tradicional modelo de industria discográfica se acaba la música para siempre. La primera es una de las argumentaciones que más oímos cuando se dice que los medios tradicionales son imprescindibles.

Transparencia->confianza->relevancia

En oposición a la opacidad, la transparencia es tan absolutamente imprescindible porque es el núcleo de la confianza, y la confianza es la puerta de entrada a la relevancia, y sin relevancia sí que no hay periodismo. Hasta ahora la relevancia se ha construido con exclusivas y periodismo de investigación, por ejemplo, pero también sabiendo explotar el gregarismo y el clientelismo.

Una causa

Una relevancia sin las anteriores cargas se puede construir de muchas maneras. Muchas organizaciones sin ánimo de lucro ya la atesoran por parte de miles de voluntarios, socios, colaboradores o simples simpatizantes. Existen muchas causas por las que luchar en este mundo, y creo que un periodismo digno, independiente y ejercido de manera transparente es una de ellas por la que más gente de la que pensamos estaría dispuesta a colaborar.

Como decía otro poco sospechoso de revolucionario, J.M. Keynes: “La verdadera dificultad para cambiar el curso de cualquier organización reside no en desarrollar nuevas ideas, sino en librarse de las viejas primero”. La idea teórica antropomorfizada en la figura de nuestro protagonista inicial es una de ellas.