Pau Llop

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El periodismo, un arte

El mundo del arte y el del periodismo guardan una curiosa similitud en cuanto a actores y problemas derivados del statu quo vigente en sus respectivos mundos. Y similares soluciones, también.

El periodismo no es opaco

La opacidad es algo inherente a las estructuras empresariales de manera proporcional a su tamaño, por lo que el problema del periodismo actual es su dependencia de ellas

Una España de cara o cruz

España es hoy un nuevo paradigma del bipartidismo, cuya primera víctima ha sido el histórico tercer partido. IU se hunde definitivamente tras dos contiendas hablando de descalabro, otra vez perjudicada por un sistema electoral que ya no puede optar a cambiar. CiU mantiene el tipo y desaparecen peculiaridades como la Chunta Aragonesista y Eusko Alkartasuna. Para compensar, entra un nuevo partido: UPyD, con Rosa Díez como diputada.

La pasada noche del domingo estuve en la calle Génova, retransmitiendo en directo para Bottup el ambiente. Los simpatizantes del PP tenían motivos para no estar tristes: casi 400.000 españoles más que en 2004 han confiado en ellos. Rajoy sobrevive a su oposición y obtiene finalmente cinco escaños más (tras un baile en el que CiU se ha llevado el sexto).

Mientras, en Ferraz, Zapatero celebraba su segunda victoria con otros cinco escaños más que en 2004, aunque sólo 26.000 españoles más que entonces han depositado su confianza en él. Pero en nuestro sistema por circunscripciones provinciales lo que cuenta son los asientos y es evidente que la Ley d’Hondt ha agraciado a ZP esta noche y le ha permitido también afianzar un ya indiscutible liderazgo dentro del PSOE.

Esquerra Republicana, tal y como se preveía, también se ha hundido: pierde cinco de sus ocho diputados. Nafarroa-Bai, que en Navarra ha rozado el 20% de los votos, consigue mantener su escaño. Lo mismo ocurre con el BNG, que repite no solo asientos (2), sino número exacto de votos: 208.000. El PNV, por el contrario, se deja casi 120.000 votantes -la mayoría captados por el PSOE- pero logra que sólo se le repercuta en un escaño, pasando de siete a seis. Coalición Canaria también sale debilitada, perdiendo un diputado y quedándose con sólo 2.

Por último, entra con fuerza UPyD, que con 303.000 votantes -la mayoría madrileños-, aúpa a Rosa Díez a un grupo mixto donde no estará especialmente a gusto: lo compartirá con los representantes nacionalistas de Nafarroa Bai, BNG, ERC y CC.

En definitiva, España es hoy un país que renuncia a sus particularidades propias, al menos en política. Bipartidista. Con el voto atomizado entre dos bandos irreconciliables, inmersos en una guerra cuyas principales fuerzas de choque son los medios de comunicación.

El PP, tras su mejora electoral, sin duda agudizará aún más su estrategia de confrontación política, de crispación. Y esos medios estarán ahí para apoyar esta táctica polarizadora y madre del bipartidismo. De hecho, ya han empezado. No van a conceder los 100 días de gracia típicos. No creo que concedan ni uno. Nos espera una legislatura que, pese a los deseos que ha expresado hoy Zapatero, será muchísimo más crispante, cargante, polarizante, falta de talante, radical y baja que la que acabamos de cerrar.

Si pueden, cambien de canal.

ETA ez

¿Hasta cuándo vamos a permitir que esta secta siga dirigiendo la vida política de este país? Para mí, quienes usan este vil asesinato, y el terrorismo en general, políticamente, son exactamente lo mismo que quienes no lo condenan. IGUALES.

Mi pésame a la familia, que sólo de imaginar lo que han debido sentir al bajar tras los disparos, se me saltan las lágrimas. Y mi pésame a España, porque estamos condenados por los intereses partidistas a que toda la política nacional gire en torno a cuatro asesinos.

Zapatillas para los jóvenes

Si digo que emprender es muy difícil, descubro América. Si digo que en España lo es más, descubro la rueda. Si añado que emprender en España y en Internet es más difícil aún, ya no queda nada por descubrir.

Hablo desde la perspectiva de quien no pertenezca a ningún tipo de realeza social. No apellidos. No contactos iniciales. No dinero ni familia con posibles.

Recuerdo una de las frases con que Zapatero cerró el debate del pasado lunes. Frente a la ya famosa niña de Rajoy, el presidente dijo: “No puedo garantizar que las personas tengan éxito. Pero sí que todas tengan las mismas oportunidades para lograrlo. Y para las que no, ahí estará el Estado para ayudarles”. Me gustó, porque representa los ideales de igualdad y justicia que quiero para la sociedad que nos ha tocado vivir.

Su primera parte es evidente: estaría bueno que él pudiera garantizar el éxito de todos los españoles. La segunda, como intención, me la creo. La tercera, con matizaciones, también. La cuestión es que no sabría si la segunda pasa de la intención. Y no lo digo irónicamente. Realmente, no estoy seguro.

Personalmente creo que hay un sector de la población que no lo tiene fácil, y me ciño al emprendimiento, porque en general debería hablar de los inmigrantes, los desempleados con más de 40 años, las mujeres, etc.

Si me ciño al tema, creo que España es un país que no trata demasiado bien a su juventud.

Se la idolatra estética y comercialmente. La juventud española es más mediática que nunca, pero no por lo que és y hace, sino por lo que representa en las almas del resto de la sociedad y en las cuentas de resultados de las grandes empresas.

Los jóvenes españoles están mejor formados que nunca. Tienen una cultura superior no sólo a sus padres cuando tenían su edad, sino, en general, a la de sus padres ahora mismo. Y, pese a la rémora católica del pecado eterno, del fracaso como imperdonable, la juventud española es emprendedora, quiere innovar. Innovar conlleva cambio, y aunque muchos no lo crean, la juventud española no está adocenada. Quiere cambiar el mundo, como querían hacerlo sus padres, pero a su manera, una forma que aquellos no entienden y traducen como adocenamiento y frikismo.

En consecuencia, ¿para qué darles herramientas? ¿Para qué favorecer su creatividad? Y, sobre todo, ¿para qué creer en ellos, invertir en ellos, en que investiguen, en que creen. En que emprendan?

Puede sonar a queja y no lo es. También somos muy dados a interpretar las reivindicaciones como quejas: “míralos, tienen de todo y ahí están, todo el día quejándose, en lugar de trabajar”. Trabajar, para un joven, por lo visto, debe ser hacerlo en un pizza hut o de becario eterno hasta que deja de serlo.

Creo que en estas señaladas fechas, que esa generación precedente tanto gusta de calificar como la ‘fiesta de la democracia’, valdría la pena pararse un poco y pensar: ¿Y si les damos unas zapatillas? Igual resulta que sí saben correr.

Si algo ha necesitado siempre la juventud ha sido una oportunidad. Démosle un par de zapatillas.

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